Fonèvol

Fruto de esa observación continuada, año tras año, hace unos veinte, empezaron a surgir las primeras voces discordantes. Mujeres que querían ingresar en alguna de las 28 “filaes” que componen la fiesta, con las mismas obligaciones y derechos que sus compañeros varones. Unas pocas lo consiguieron antes de que el acceso fuera prácticamente blindado. Tanto es así que en la actualidad apenas hay diez mujeres en esta situación. El resto, unas 7.000 mujeres inscritas, siguen limitándose a observar. Y a sufragar la fiesta.

La mayoría de éstas pioneras pertenece a la asociación “Fonèvol”, una entidad que surgió en 2002 como respuesta a la negativa que reciben algunas mujeres que quieren ingresar en la fiesta y a las dificultades que atraviesan las pocas que lo lograron y que siguen sin poder participar de los actos oficiales en igualdad de condiciones.

Durante la última década, la integración de la mujer en los Moros y Cristianos de Alcoy ha llegado a los juzgados, con demandas interpuestas por particulares y por “Fonévol”.

Ha sido, asimismo, tema recurrente en los medios de comunicación, controversia política, polémica en la calle y quebradero de cabeza para la Asociación de San Jorge, encargada de la organización de las fiestas.

Sus responsables modificaron recientemente la ordenanza de los festejos para incluir la posibilidad de que las mujeres pudieran participar en las entradas, vistiendo un traje femenino, diseñado y aprobado por cada entidad. También contemplaban la posibilidad de que, siempre que existiera un número suficiente de mujeres en una misma “filà”, éstas pudieran formar una escuadra femenina. Lo que seguía estando prohibido, eso sí, eran las formaciones mixtas, es decir, aquellas compuestas por hombres y mujeres. Y esta es la razón por la que mujeres como Núria Martínez, que desde hace 13 años forma parte de la Filà Alcodianos, no ha podido desfilar este año en escuadra junto a los hombres, a pesar de que cumplía todos los requisitos por antigüedad.

Al respecto, el presidente de la Asociación de San Jorge, Javier Morales, asegura a un diario de información nacional  que la integración de la mujer le “pesa como una losa” y lamenta que se produzcan este tipo de situaciones, que considera “tristes”. Sin embargo, en su opinión no existe actualmente una “voluntad masiva de las mujeres a favor de la plena integración”. Según Morales, “a pesar de que se ha avanzado mucho, cualquier solución es compleja”.  Tan compleja que no se puede ni tratar. Porque ni Morales ni ningún otro miembro de la Asociación Sant Jordi ha querido colaborar en este reportaje. Tal vez porque sus palabras no llegaría a un público masivo, quién sabe. Lo cierto, en cualquier caso, es que ni siquiera aducieron excusas; simplemente guardaron silencio. Como es su costumbre, como lo han vendio haciendo hasta que “Fonèvol” y sus reivindicaciones les colocaron en el punto de mira, entre la espada y la pared.

La presidenta de “Fonévol”, Gemma Ballester, asegura ser consciente también de que la plena integración sólo es defendida por una minoría. Pero puntualiza, “esa minoría debe ser respetada, porque si no, asistimos a un caso de discriminación, sea en Alcoy o en Madrid”.

“Afrontamos todo este asunto de forma positiva -continúa- y desde luego no queremos cambiar la fiesta, sino su estructura, que consideramos poco transparente, poco democrática. No entendemos por qué el Ayuntamiento delega la organización de unas fiestas patronales, que son públicas, en una entidad privada como es la Asociación de San Jorge y que hace valer su derecho de admisión para vetar la entrada a más mujeres”, explica Ballester.

Que muchos alcoyanos tienen a Ballester entre ceja y ceja es algo obvio. Y empíricamente comprobable. Sus detractores, de hecho, no se lo piensan dos veces a la hora de afirmar que “las ideas de “Fonévol” sólo son compartidas por una minoría de amargadas que, en vez de disfrutar de la fiesta, se limita a buscarle defectos y criticarla. Y así lo único que hacen es darle mala publicidad a las fiestas y vender una imagen completamente equivocada de los alcoyanos. Es decir, como que somos gente sexista, poco tolerante o que no valora la participación de la mujer en la fiesta. Y eso son patrañas. A las de esa asociación debería caérseles la cara de vergüenza”.

A pesar de los disgustos, de los insultos en los foros de internet y en plena calle, la representante de “Fonévol” dice estar “satisfecha” con el trabajo realizado estos años, en los que se ha conseguido “romper el tabú” acerca de cuál debe ser el papel de la mujer y se logrado que cada vez más mujeres participen en los actos festeros. Porque eso sólo puede ser beneficioso para las fiestas.

Precisamente esa falta de unanimidad entre el colectivo femenino es  el argumento que esgrimen desde la Asociación San Jordi para mantener a las mujeres al margen. Mujeres que en la mayoría de los casos están de acuerdo con que prevalezca la tradición por encima de la igualdad de derechos. “Porquè es tracta d’aixó, de tradició –apunta una vecina de Alcoy- i les tradicions estan pa’ cumplir-se”. Su hija, una joven estudiante de Farmacia, resopla y añade “Sempre que tinguen algún profit”. Y justo entonces un hombre, Vicente Juan, que no perdía detalle del debate, estalla: “Quan les dones se fiquen en les esquadres dels homes, que la fallera major de València puga ser també home. O que la Mare de Déu dels Belems puga ser un home i que San Josep puga ser una dona. Per què no? I que a reina del carvanal de Tenerife també puga presentar-se un home. Pues sí que estariem bons! Les festes d’Alcoy són un record històric d’una guerra. Un record que intenta ser fidel a la realitat de l’época. Si en eixa época les dones no anaven a la guerra, no vullguem ara mosatros ser revisionistes de la historia. Que ja està bé”.

Quienes justifican la discriminación de la mujer en las fiestas populares en el año 2010, apelando a la historia, a los acontecimientos pasados –unos acontecimientos de los que tenemos constancia actualmente gracias a los cronistas de la época, que eran también hombres- y un intento de reproducir de manera fiel lo que ocurrió durante la reconquista de Alcoy, allá por el siglo XII, no debieran ser tomados en serio. Decir que como en el siglo XII las mujeres no participaban en la guerra, ahora, en el XXI tampoco pueden, es un disparate. O una forma de perpetuar los roles de una sociedad genuinamente sexista, donde la mujer sólo servía para traer hijos al mundo y preparar las comidas. ¿Es esa la realidad a la que quieren ser fieles los miembros de la Asociación San Jorge, los integrantes de las “filaes” y las mujeres que no se rebelan contra un modelo de fiesta absolutamente arcaico?

 

 

 

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